sábado, 26 de noviembre de 2016

MIS ALUMNOS NO ME HACEN CASO.

En el informe TALIS (Teaching and Learning International Survey) se destaca que "uno de cada cuatro profesores pierde al menos un 30% de las clases en tareas administrativas o en llamar la atención a los alumnos que continuamente interrumpen las clases. Los docentes españoles de secundaria (en primaria también pasa, doy fe) están entre los más molestos con el ambiente de sus clases. En general, los profesores pierden un 13% del tiempo de clase manteniendo el orden. Por ejemplo en Brasil el porcentaje crece hasta el 17%. Sin embargo, en Bulgaria, Estonia, Lituania y Polonia la cifra baja a menos del 10%. Aquí en España el porcentaje se acerca a los más altos: 16%". 

En la escuela deben ser fundamentales las normas y los límites. La disciplina debe formar parte de su día a día.  Marilyn Gootman la define de la siguiente manera: 
"La disciplina ayuda a los niños a desarrollar su autocontrol. Los niños tienen que aprender a ocuparse de sus necesidades, proteger su salud y seguridad, afrontar los disgustos, compartir, expresarse de forma constructiva, sentirse bien consigo mismos, respetar las necesidades de los demás y relacionarse con ellos".

El neuropsicólogo Álvaro Bilbao señala en su libro El cerebro del niño explicado a los padres: "puedo garantizar a todo padre y educador que los límites son necesarios en la educación del cerebro. Puedo defender esta afirmación porque existe toda una región del cerebro dedicada exclusivamente a fijar límites, hacerlos valer y ayudar a las personas a tolerar la frustración que supone su no cumplimiento".

En muchas ocasiones, pasamos por alto trabajar las normas en clase, y es necesario hacerlo. Dedicar el tiempo que haga falta a trabajar esas normas, incluso a costa de los contenidos. A la larga obtendremos beneficios, que redundarán en unas mejores situaciones de enseñanza-aprendizaje. Si entendemos la educación como un proceso democrático, las normas deben surgir de un pacto entre docente y alumno que contribuya a favorecer los intereses de ambas partes, siempre teniendo en cuenta los límites que ya hemos mencionado. Los alumnos siempre pondrán a prueba el cumplimiento o no de dichas normas, por ello hay que ser estrictos pero a la vez flexibles, y recordar que incumplir una norma conlleva una consecuencia, pero también que respetarlas tiene sus beneficios.