A la hora de llevar a la práctica una clase de Educación Física, podemos hablar de tres estructuras de aprendizaje:
- Estructura individualista: Cada alumn@ trabaja independientemente de los otros para tratar de alcanzar sus objetivos, que pueden ser los mismos de la clase u otros diferentes. No existe interrelación alguna entre las acciones del alumnado (cada uno a su bola). Se parte de la idea, de un todo homogéneo, de que todos son capaces de alcanzar los mismos objetivos y de que lograrlo estará en función del esfuerzo de cada uno. Suele ser lo habitual en las escuelas.
- Estructura competitiva: Los alumn@s luchan por alcanzar unos objetivos que no todos pueden conseguir. Se parte de la idea, de una especie de lucha, orientada a determinar quién es el mejor, por lo tanto, habrá ganadores y perdedores. En esta situación, por consiguiente, habrá interrelaciones negativas entre los alumn@s (ley de la selva). Es bastante frecuente en Educación Física encontrar durante las clases situaciones competitivas: en tiempo, en cantidad, en calidad o una combinación de ellas. En cualquier caso, el éxito de un alumn@ está unido al fracaso de otro o de otros.
- Estructura cooperativa: Cada alumn@ alcanza sus objetivos si, y solo si, el resto de compañeros de grupo los alcanzan también. Se puede decir que todos ganan o todos pierden. En esta situación, existe una interrelación positiva entre las acciones de los alumn@s (si yo no puedo, juntos podemos). Se parte de la idea de que el hecho de compartir objetivos hará que los estudiantes se esfuercen y trabajen juntos para mejorar su propio aprendizaje y el de los demás.





